jueves, 30 de junio de 2016

El respeto NO se gana

Hace un par de días, por causa del Día Internacional del Orgullo LGBT (que se celebra en todo el mundo el 28 de junio), vengo viendo en Facebook numerosas imágenes que critican la forma en que se visten algunas personas que van a la Marcha: con poca ropa, con tanga, zunga, disfrazados, etc.

Y he tenido que leer, lamentablemente, comentarios tras los cuales se esconden ¡todavía! esos resabios de homofobia más rebeldes, esas palabras que hay que analizar bien para descubrir qué se esconde tras ellas: 

POR CULPA DE ALGUNOS QUEDAMOS MAL TODOS

y

EL RESPETO SE GANA

Afirmación peligrosa: si el respeto se gana, se afirma las personas diversas partimos/nacemos sin merecer el respeto.


Y bueno, NO. El respeto NO se gana simplemente porque no hay que hacer mérito para ser respetado. Una travesti que va disfrazada y llena de plumas a la Marcha debe ser respetada de la misma forma que el adolescente gay que va por primera vez; de la misma forma que la mujer lesbiana que va con su esposa; de la misma forma que el chico que va en tanga.

¿En serio hay que hacer mérito para ser respetado? ¿En qué consiste ese mérito, exactamente?

¿Ganar un nobel de física? ¿Ser un médico sin fronteras? ¿Donar dinero para la caridad?

PUES NO.

Ese supuesto mérito consiste en llevar la vida que el heteropatriarcado establece como respetable; el único estilo de vida que respeta: un contundente combo de monogamia y heterosexualidad, machismo mediante. 

El heteropatriarcado ha establecido qué le escandaliza y qué no. No le escandalizan las publicidades en las que las mujeres aparecen con poca ropa, ni los videos musicales en los que los hombres se rodean de bailarinas en tanga. No le escanzaliza que dos hombres se maten mutuamente (porque los hombres deben ser por naturaleza violentos, no se olviden). No le escandaliza que una mujer sea violada (porque la mujer debe ser sumisa, ¡y el hombre es violento, no se olviden!).

Al heteropatriacado le escandaliza:

Ver a dos mujeres besándose (o más)
Ver a un hombre llorando
Ver a una travesti, solo verla

Y le escandaliza la Marcha del Orgullo

La Marcha es un escupitajo en la frente del heteropatriarcado

¿Que no se sienten identificados con la imagen que se muestra de la Marcha?

Piensen que siempre habrá gente intentando desacreditarnos por cualquier cosa. Por cómo amamos, por cómo nos vestimos, por cómo educamos (o educaremos, en mi caso) a nuestros hijos. Y que esa gente se escuda en la imagen festiva de la Marcha para mostrarles a los demás una imagen negativa de nosotros. Si nunca fueron a una Marcha, los invito a ir a la próxima. No puedo hablar por los demás países, pero acá en Argentina la imagen que dan los medios es muy diferente de lo que es la Marcha en realidad.

Por favor, no reproduzcan el discurso heteropatriarcal que nos ha negado (y nos sigue negando) hasta nuestros derechos más básicos: el de amar. Si no les gusta ir disfrazados a la Marcha, no vayan disfrazados. Pero no les digan a los demás cómo tienen que ir, cómo tienen que celebrar la diversidad y reclamar por sus derechos. No se vuelvan cómplices del heteropatriarcado. Y no importa si vos sos L, G, B, T, I, A, P. Si sos hetero y cis, estoy segura de que alguna vez sufriste por culpa de este modelo de dominación en el que vivimos. 

Todos nos merecemos respeto, tanto vestidos como desnudos. 
 
El problema es lo que se nos exige para que "merezcamos" ese respeto.

lunes, 27 de junio de 2016

Leé un cuento: Sebas&Johnny

Este cuento es un middle-off de Cover, la última novela juvenil (aún inédita) que escribí. Es una escena que no forma parte de la novela, pero que transcurre en la mitad de ella. Al momento de ponerme a escribir no la incluí porque no me pareció demasiado relevante, sin embargo, quería narrarla :) 
Bueno, si me siguen en Face supongo que ya sabrán de qué trata la novela. Ya conocerán a Sebas, a Johnny, sabrán que hay un tercero llamado Juan Cruz...
Es probable que el cuento les parezca un poco spoiler de algunas cosas, sí, pero, por otro lado, dichas cosas son bastante obvias. ¡Espero que les guste!
La historia no tiene título, sepan disculparme.




Las vacaciones de invierno llegaron como una bendición, al menos para Sebas. Le costaba concentrarse en clase y más de una vez tuve que pasarle la tarea. Hizo una redacción de El juguete rabioso en el recreo de veinte minutos. Se sacó un ocho. Cuando Narda le entregó su redacción, sonreí y me volteé para mirarlo. Contemplaba su nota como si la hoja estuviera en blanco, como si no la entendiera…

Para mí, las vacaciones serían una maldición: no podría verlo todos los días. Y ya me había acostumbrado tanto a tenerlo al lado mío. Era contradictorio, porque me sentía aliviado por él, pero triste por mí. Supongo que así se siente uno cuando está enamorado. Repleto de contradicciones.

Nunca se lo dije a Sebas, pero en el calendario del celular había marcado el día en que se cumplirían los tres meses. Era dos semanas antes de mi cumpleaños número diecisiete.

Y el día en que ocurrió esto, se cumplían apenas trece días.

Habíamos salido a caminar. Así había dicho él: Johnny, ¿vamos a caminar?

—¿Con esta lluvia? —le respondí. Escuché su silencio a través del celular.

—Si no querés no importa…

—¡No! Está bien, vamos.

Ahora le prestaba más atención a mi aspecto. Él era tan pulcro y prolijo. Yo nunca había sido sucio o desordenado, pero jamás me había preocupado demasiado por mi pelo, por los granitos que me salían cuando me afeitaba, por las arrugas de mi ropa.

Me puse gel en el pelo, me afeité (una excusa para ponerme colonia, porque se me había acabado el perfume) y elegí mi jean favorito. Y mientras cerraba la puerta de casa, me vi reflejado en el espejo del recibidor. ¿Ese era yo? Casi no me reconocía. Me vi grande. Y me dio miedo.

Bajé las escaleras. Tenía ganas de volver a casa, tirarme en la cama y dormir… Dormir para no pensar.

Ya no llovía, pero de las ramas desnudas de los árboles todavía colgaban gotitas brillantes, como lágrimas. Un pájaro se paró en una rama y bebió una gota, y otra, y otra. Sonreí. Y por un momento olvidé que estaba enamorado de mi mejor amigo y que él no me correspondía.

Llegué a la plaza. Sebas estaba sentado en una hamaca, meciéndose suavemente. Debajo de sus converse negras había un charco de arena mojada. Me vio y comenzó a balancearse más rápido. Y cuando obtuvo velocidad, soltó las cadenas y se arrojó.

—Hace mil años que no me hamaco —le dije, saludándolo con un beso en la mejilla. Su piel me raspó y me hizo cosquillas. Él no se había afeitado. En el nacimiento del pelo ya se le asomaban las raíces rubias.

Tenía tanta curiosidad por su color natural. Me encantaba la exótica combinación del pelo negro y sus ojos verdes, y pensaba que seguramente el pelo oscuro lo favorecía más que el rubio. Pero quería verlo tal cual era, sentía la impenitente necesidad de conocer todo lo que tuviera relación con él, por más banal que fuera. Él vestía de negro, como siempre. Una campera de cuerina un poco gastada y unos jeans rotos en las rodillas. Llevaba todos sus piercings: la argolla de la nariz y las bolitas en las orejas.

—Qué facha —me dijo con una media sonrisa.

Sus ojos me recorrieron desde el pelo hasta las zapatillas, desde las zapatillas hasta mis ojos. Se me encogió el corazón. ¿En serio había dicho que era fachero? No, que estaba fachero, no que era, pensé mientras comenzábamos a caminar en dirección contraria a la peatonal. No es lo mismo ser que estar.

—¿Todo bien? —le pregunté.

Él asintió en silencio. Mi amigo no estaba muy comunicativo.

—Tratando de que el tiempo pase rápido —susurró—. Gracias por acompañarme.

Al contrario, casi le digo, pero me mordí la lengua. Le pasé el brazo por los hombros y lo estreché suave contra mí en un gesto amistoso. Habría querido abrazarlo con fuerza y decirle que todo estaría bien, pero no podía decirle eso. Porque no sabía si todo estaría bien. Sin embargo…

—No te preocupes. Yo te voy a acompañar.

Caminamos en silencio un par de cuadras. Pasamos por una casa de tattoo y bodypiercing, el lugar donde Sebas se había hecho la pequeña clave de sol de su espalda. Nos quedamos un rato mirando las vidrieras. Las fotos de los tatuajes recién hechos, los piercings, las pipas de agua. Siempre me preguntaba qué tendrían que ver las pipas de agua con los piercings. Debí decirlo en voz alta, porque Sebas susurró divertido:

—¿Qué otras cosas pondrías en la vidriera?

Me encogí de hombros. Ya había decidido qué quería tatuarme. Una flor de cactus rosa, la primera flor que había dado mi cactus favorito, cuando aún no sabía que los cactus pudieran florecer. Ese sería mi tatuaje.

Seguimos vagando y llegamos hasta el Beata Cecilia, el excolegio de Sebas. Todas las puertas estaban cerradas. Cuando pasamos por el gimnasio, él se detuvo de golpe.

—Mirá, Johnny —dijo.

Miré hacia donde me señalaba. Y vi una gata tricolor rodeada de sus bebés. Eran tres gatitos atigrados, hermosos, con los ojos todavía azules. Me giré sonriente, pero cuando vi a Sebas, me alarmé al ver que estaba al borde del llanto.

—Están abandonados… —susurró.

No podía creer que mi amigo se hubiera largado a llorar por algo así. Una lágrima cristalina bajó por sus mejillas blancas. Se sorbió la nariz. Sebastián estaba muy, muy sensible. Y me imaginé que yo también lo habría estado en su situación…

Cruzamos la calle para comprarles comida a los gatos en el mercado chino. Sebas me detuvo agarrándome de la manga de campera.

—Johnny, ¿comprás un vino?

—¿Vino? —Y recordé que mi amigo no podía tomar cerveza—. No creo que me lo vendan…

Pero, para mi sorpresa, me lo vendieron. El chino de la caja ni me miró. Le pagué el paquete de alimento para gato, el cartón de vino, una bolsita de maní, y salí del mercado a toda prisa, antes de que sospecharan que acababan de venderle alcohol a un menor de edad.

Mish, mishi, mishi —llamaba Sebastián a los gatitos mientras yo volcaba la comida arriba de un pañuelito descartable.

La mamá atravesó la reja a toda velocidad y hundió la cabeza en el montón de alimento. Sebas atrapó un gatito, le dio un beso en la cabeza y lo dejó junto a la comida. Para mi sorpresa (y mi asco, la verdad sea dicha), hizo lo mismo con los tres: los agarró y solo después de besarlos, los dejó comer.

—Había que bautizarlos —se explicó.

Le sonreí. Quise decirle que yo no estaba bautizado (¡bautízame!), pero era mentira. Había visto fotos de mi bautismo: un horrendo bebé gordo llorando porque no quería que le quitaran el pecado original.

Nos sentamos en el suelo y le pasé el cartón de vino. Frotó el pico con la manga de su campera para limpiarlo y lo abrió con los dientes. Escupió lejos el pedacito de cartón mordisqueado.

—No pediste pajita, ¿no? —me preguntó.

—Es un cartón de vino, no de leche chocolatada.

Bebió del pico. Bebimos del pico, y me regocijé de ese absurdo intercambio de saliva. Era como besarse sin besarse. Sebas me contó que le había ido muy bien en los exámenes del conservatorio, pero que tenía que encontrar un profesor que pudiera enseñarle a usar su voz de contratenor sin que sus cuerdas vocales y su voz real, la de barítono, no se dañaran. Yo le conté que había encontrado en Mercadolibre un libro que buscaba hacía meses; y que la semana pasada una clienta de mi mamá había probado una porción de torta hecha por mí. Me había dicho que me encargaría la torta de su cumpleaños.

En un momento, Sebastián alzó la cabeza hacia el cielo plomizo y dijo:

—Extraño coger.

Tragué saliva. Me ofrezco como tributo, le habría dicho. Pero me quedé callado, porque lo que él extrañaba era a Juan Cruz. Extrañaba el sexo con Juan Cruz. No supe qué decirle, así que me quedé callado. Él agarró un gatito y lo apoyó en su regazo.

—¿No te entra frío? —le pregunté, y le tironeé de las hilachas de los agujeros del jean.

Me miró con una sonrisa divertida y creo que suspiré. No dijo nada. Dio el último trago de vino, dejó el cartón a un lado y apoyó la cabeza sobre mi hombro. Me burbujeó el estómago.

Te amo, pensé cuando nuestras cabezas se tocaron.


domingo, 26 de junio de 2016

Yo reseño: Para acabar con Eddy Bellegueule, de Edouard Louis


Título: Para acabar con Eddy Belleguele
Autor: Édouard Louis
Formato: rústica   
Páginas: 192
Editorial: Salamandra
ISBN: 9788498386486
   
Sinopsis:

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí. 

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.» 
Édouard Louis 

***

Pocas veces un libro me dejó un sabor tan amargo y desagradable. Para acabar con Eddy Belleguelue es una novela autobiográfica y saberlo hizo que el sabor agridulce se transformara en agrio; o en amargo, como dije. Vamos a la reseña y les cuento por qué.

Eddy es un niño que vive en un pueblo obrero de Francia, un pueblo muy muy pobre. Allí, los hombres se dejan la salud trabajando en la fábrica metalúrgica y las mujeres tienen que conformarse con la maternidad (muchas veces temprana) y las tareas de la casa; en la propia o en las de los demás. La familia de Eddy no es la excepción. Su padre trabaja en la fábrica y continuamente sufre de dolores de espaldas que lo dejan echado en la cama temporadas enteras; y su madre ha quedado relegada a las tareas del hogar. 

Eddy es un niño afeminado y continuamente sufre tanto el acoso de sus compañeros de escuela como el de su propia familia: algo raro hay en él, ya que no se comporta como un hombre. Su voz es más aguda, mueve las manos al hablar y camina meneando las caderas. Eddy afirma que de su infancia no tiene ningún recuerdo positivo. Palabras realmente muy duras. 

Para Eddy, como para muchos niños y adolescentes homosexuales o trans, la huida es la única opción.

No es necesario leer entre líneas para darse cuenta; ya en la sinopsos advertimos que esta huida es al mismo tiempo: la huida de la homofobia que sufre en su pueblo y la huida de la pobreza. Sin embargo, el rechazo que siente el personaje por la pobreza, al menos superficialmente, no se basa en la injusticia social sino en la vergüenza de ser pobre:

Todavía me está costando dolores tremendos y noches sin dormir esa negligencia de mi familia y de mi clase social, y ( ... ) algunos compañeros me preguntaban Pero ¿por qué no te llevaron tus padres a un ortodoncista? Esas mentiras mías. Les contesté que mis padres, unos intelectuales que se pasaban un poco de bohemios, le daban tanta importancia a mi formación literaria que descuidaron a veces los temas de salud.

Si hay algo que no me gusta encontrarme ni en la vida real ni en un libro, aparte de la LGBTfobia, es el clasismo. Y hablo muy en serio: he terminado de relacionarme con gente por ese motivo. Quizá por eso la novela, sinceramente, no me gustó. Me inquieta mucho el clasismo cuando lo veo en otras minorías.

Eddy no solo decide huir de su pueblo, sino también de su clase social, repudiándola:

Los finales de mes en que a mis padres no les llegaba el dinero para comprar carne, comíamos pescado varios días seguidos. De ahí me viene este asco. En la actualidad me repugna ese plato tan apreciado en los ambientes a los que he conseguido llegar.

En fin. Una historia muy dura, tristemente realista. El resultado de lo que el odio produce en las personas: más odio.

Si se preguntaron el porqué del título, Para acabar con Eddy Bellegueule, hay que encontrarlo en la vida real del autor, ya que es una metáfora: Eddy Bellegueule se cambió el nombre a Edouard Louis.

viernes, 24 de junio de 2016

Yo reseño: Diez variaciones sobre el amor, de Teresa Mira de Echeverría


14,5 x 20,5 cm, 274 páginas
ISBN 978-987-45840-1-4
Colección Grupal – Libro 4
 Ediciones Ayarmanot, 2015. Cuentos * incluye "Spider", escrito con Guillermo Echeverría, grabados de Inés Saubidet y prólogo de Cristina Jurado.

 En DIEZ VARIACIONES SOBRE EL AMOR, la idea del amor con sus muchos nombres, en sus múltiples formas, es el hilo conductor. Los cuentos que componen este libro están repletos de detalles y de los planteos más genuinos de la ciencia ficción, son construcción y reconstrucción, trabajo amoroso, un fluir en busca de lo desconocido, lo desconocido en el universo y lo desconocido dentro de nosotros mismos. 

“Varios de estos relatos indagan sobre el amor inter-especies. En “Pterhumano”, por ejemplo, resuenan algunas de las referencias que impregnan la bibliografía de la autora: me refiero a la influencia recurrente de China Miéville, de sus paisajes urbanos y orgánicos, repletos de criaturas variadas, inmersas en profundos conflictos personales.” (Prólogo de Cristina Jurado) 

Teresa Mira de Echeverría nació en Pilar en 1971. Es Escritora y Doctora en Filosofía, trabaja como docente universitaria e investiga acerca de la relación entre ciencia ficción, filosofía y mitología. Es una de los fundadores del taller literario “Los clanes de luna Dickeana”. Cuentos suyos han sido premiados y han aparecido en revistas y antologías argentinas y extranjeras. Este es su primer libro de cuentos. 

***

En primer lugar, le agradezco muchísimo a Laura Ponce, editora de Ediciones Ayarmanot, por haberme acercado a este libro. Y no es un agradecimiento por cordialidad. Es un agradecimiento genuino. 

Diez variaciones sobre el amor es una recopilación de diez cuentos que reescriben lo que definimos como relaciones amorosas. Relaciones de pareja, relaciones familiares, amistad. Son cuentos que atraviesan esas estructuras que tenemos instaladas por defecto al ser parte de una cultura X, en nuestro caso (occidentales) monogámica y heterosexual. Y que tanta tinta y sangre cuesta criticar, contradecir y transgredir, desde todos los planos. 

Humanos y pterhumanos desafían la endogamia en "Pterhumano", plantándoles cara a quienes tachan sus relaciones de zoofilia. Las fronteras de los lazos familiares que conocemos y aceptamos (o que nos son aceptables) se difuminan en "Otoño". Algo similar ocurre en "La poética de las sirenas", el primer cuento del libro y el que elegí para esta reseña, ya que, bueno, este es un blog de temática LGBTI.

Eleazar Rickman es un poeta genético: sus poemas no son de tinta y papel. Sus poemas genéticos caminan o se deslizan a su lado, son de carne y hueso; tienen ojos, bocas, dedos y hasta sentimientos. Ada Blenders es una mujer-poema, obra del maestro de Eleazar, Sir Károly Vázquez.

El relato se divide en dos partes. La primera, introductoria, nos presenta a Eleazar y a Ada. La segunda, se centra exclusivamente en el hijo de ambos: Connelly Franz Rickman-Blenders y Vázquez. Tal vez contar esto incurra en dar un spoiler, pero no podría hacer esta reseña sin hablar de Connelly. 

Connelly es un tritón y es una combinación de los rasgos y características más fuertes de sus progenitores. Acerca de sí mismo, dice:

Soy cautivante y embelesador como mi padre, por eso soy un hombre sirena. 
Soy bello pero “raro”, como mi madre, porque soy una poesía hija de otra poesía.
( ... ) por mis venas corre la sangre de Sir Vázquez. Lo que, hablando estrictamente en términos genéticos, me convierte en el hijo de dos varones humanos. Y, hablando poéticamente, en el vástago de un varón humano y una poesía fémina.»
  
Como ocurre con las sineras mitológicas, Connelly no puede emitir palabra sin que eso suponga un riesgo. Por ese motivo, solo puede comunicarse con sus padres y con las demás personas a través de un pad, una tableta. 




Y como todo joven, Connelly está en busca de su identidad. Sus padres no podrán hacer otra cosa más que aceptar sus decisiones y apoyarlo, con todo el miedo que les significa; y dejar que, tal vez, se equivoque. Lo que ocurre en todas las familias cuando un joven decide «volar del nido». En este caso, Connelly lo hará acompañado.

Porque este relato, de la misma forma que "Pterhumano", trata de la familia y las relaciones entre las personas. Que los personajes no sean 'seres humanos' es accesorio. En una historia donde los poemas caminan y respiran,  lo mundano y lo cotidiano, gracias a la sensorial y acariciante prosa de  su autora,  adquieren otros colores. Se vuelven, de alguna forma, mágicos.

La primera vez que leí este cuento acabé llorando a mares. En Facebook contaba que sí, que he llorado leyendo, pero que siempre fue por tristeza. Jamás había sido porque algo fuera tan pero tan hermoso. Elijan muy bien el momento para leer este relato. Silencio, un sitio tranquilo, una copa de vino. Hasta les diría que prendan una vela perfumada.

De nuevo, muchas gracias a Laura y, por supuesto, a Teresa.

En el sitio de Ediciones Ayarmanot pueden acceder a los puntos de venta dode pueden conseguir el libro. Pueden leer online "La póetica de las sirenas" en Revista Axxón.

Una canción para acompañar la lectura: 

miércoles, 22 de junio de 2016

Yo reseño: El fuego en el que ardo, de Mike Lightwood

Título: El Fuego en el que ardo
Autor: Mike Lightwood
Editorial: Neo
Número de páginas: 384
Sinopsis:

Ser gay puede complicarte mucho la vida. ¿Todas esas películas y series que te cuentan lo maravilloso que es ser gay? ¿Estar rodeado de compañeros modernos en el instituto que te quieren como eres? ¿Padres que te apoyan incondicionalmente? Todo es mentira. La realidad no es esa. Al menos, no la del protagonista de esta historia, que vive un auténtico infierno por culpa de aquellos que no lo aceptan como es. Pero, cuando las cosas se complican de verdad, conoce a un chico de ciudad con una visión del mundo completamente distinta. Con su ayuda, deberá escoger entre dejarse consumir por las llamas de quienes lo odian o renacer de sus propias cenizas.


***


Ya se ha hablado mucho de este libro. Y por las reacciones que leí en Goodreads y en blogs, puedo decir que es uno de esos libros que sea aman o se odian. Obvio, hay puntos intermedios, pero la gran mayoría se divide en esos polos. ¿Y yo? Yo no soy de la mayoría, así que estoy en el medio, jaja. Chistes aparte, comencemos con la reseña.

Óscar es un chico de dieciséis años que vive en un pueblo de España. Vive con su padre, un hombre maltratador que continuamente lo ataca verbalmente y en ocasiones físicamente; y su madre, quien acepta de forma pacífica y resignada el maltrato de su marido. María, la hermana del protagonista, se fue de la casa hace un tiempo, cansada de su padre.

Óscar sufre bullying por ser gay. Algo ha ocurrido en el pasado (algo relacionado con su examigo Darío) que en la actualidad ha provocado que en su escuela sea el blanco de burlas y hasta de violencia física. No sabemos muy bien qué pasó, pero lo sospechamos. Y luego, nuestras sospechas se confirman. Por suerte, Óscar cuenta con el apoyo de Fer, su mejor amigo (con quien antes conformaban un trío de amigos: Óscar, Darío y Fer). 

La constante tensión en que vive Óscar lo ha llevado a automutilarse. Cortarse con maquinitas de afeitar. Nadie sabe de esto, ni siquiera Fer. Para intentar defenderse de sus agresores, Óscar se anota en clases de judo, donde conoce a Sergio, el chico que lo salva de su infierno.

Bueno, hasta acá el argumento principal y lo que puedo contar sin ser spoiler. 

Se ha dicho que este libro trata de forma muy superficial el tema de la automutilación. No conozco el asunto, pero sí puedo afirmar que trata de manera muy superficial la depresión que ha llevado a Óscar a automutilarse. Eso lo comparto. Sin embargo, también se le critica que sea una persona (en este caso, el novio), quien salva al protagonista de su depresión y que el personaje no supere sus problemas por su cuenta. Se le ha criticado que sea pasivo, que acepte el acoso al que es sometido. Y esta sí que no me parece una crítica válida. Creo que el público se ha acostumbrado tanto a los personajes "fuertes" de las novelas fantásticas (Harry Potter, Katniss Everdeen, por nombrar un chico y una chica), que esperan lo mismo de las novelas realistas actuales (antes no había tanta YA realista). En una reseña leí esto "su problema no es ser gay, su problema es que es tonto". No sé si la persona que hizo esta reseña es muy joven o si vivió su vida en una torre de cristal (o si sencillamente su objetivo es hablar mal del libro por algún motivo X), pero acusar de tonto a la víctima del acoso me pareció demasiado. Echarle la culpa a la víctima es uno de los mecanismos más perversos de la violencia. Chicos y chicas se suicidan por culpa del acoso LGBTfóbico. Y salir de la depresión no es algo que se pueda hacer por uno mismo. Se necesita terapia, apoyo familiar, apoyo de los amigos y en ocasiones medicación psiquiátrica.

Y desde luego, no será suficiente con un romance de pocas semanas que se da de un día para el otro. 

Porque el romance entre Óscar y Sergio se da rápido y de forma superficial. Sergio es el estereotipo del chico perfecto... Pero bueno, la novela está narrada en primera persona y el lector recibe solo la perspectiva del protagonista y la perspectiva de Óscar es esa: Sergio es perfecto y es su héroe. Y la novela termina cuando aún están en la etapa del enamoramiento (que los psicológos afirman que dura, como mínimo, un año). Sí, Oscar necesita lo que Sergio pueda darle. Necesita ese romance para superar su depresión. Pero se habría agradecido que el asunto se tocara de forma más realista/adulta. En síntesis, el poder curativo del amor en la novela está exagerado. 

También me causó mucha bronca que se criticara a la madre por lo mismo que a Óscar, por ser sumisa y aceptar pasivamente el maltrato del padre. Y es que no puedo entender que, en un momento donde la lucha por la violencia de género está tan vigente, se siga culpando a la mujer por soportar esta violencia. Lamentablemente, la madre de Óscar es un caso típico: no trabaja y depende económicamente de su marido. Y a eso se le suma el "acostumbramiento psicológico" que padece. No es fácil ser fuerte. Ser débil, en todos los aspectos de la vida, siempre es más fácil y cómodo. No es fácil soltarse las cadenas y salir al mundo para sobrevivir por uno mismo.

Por otro lado, la novela cae en los tópicos de persona buena/mala. El padre de Óscar es malo. Los acosadores de Óscar son malos. Fer es bueno, Sergio es bueno. En ese aspecto, el desarrollo y la profundidad de los personajes se quedó en la superficie. Quizá el personaje más interesante de la novela sea Darío, a quien no terminamos de conocer. Me habría gustado conocer más al padre de Óscar y quizás entender el porqué de tanta violencia gratuita. Me habría gustado conocer más a Sergio y que se saliera de su molde de chico perfecto para mostrarnos sus defectos.
Pero bueno, no se puede negar que la historia, a pesar de ser tan idealizada, transmite cierta esperanza.

Yo compré el libro digital, así que eché de menos ver la maquetación, que ya en el eBook es muy bonita. ¡Me imagino que el libro de papel debe ser una hermosura! Hay ilustraciones, posts del blog del prota y chats de whatsapp. Quizá en el libro se abusa un poco del recurso del chat, pero de verdad que leer las conversaciones entre Sergio y Óscar, aun cuando hablan de banalidades que nada aportan a la historia (como la mayoría de nuestras conversaciones de wasap, me temo), me tuvo sonriendo como boba :)

Cambiando el tema, quiero hablar de las reacciones que leí en blogs acerca de este libro. Algunas me dejaron tristemente sorprendida. Y es que advierto que mucha gente ya lo odiaba incluso antes de que saliera a la venta. Hay reseñas donde lo destrozan de forma descarada y maleducada; incluso faltándole el respeto al autor. Y no es necesario decirle "hija de puta" a una persona para insultarla, ¿me entienden? Realmente, me entristece mucho ver tanto hater, tanto odio gratuito... y más cuando se refiere a una persona que está contando una historia de acoso homofóbico. Realmente no lo entiendo.

En fin.

Luego de esta reseña, cada uno elegirá si leerlo o no.

Por último, no puedo hacer más que desearle mucho éxito a Mike Lightwood, que no haga caso a los haters y que siga escribiendo literatura LGBTI :)

lunes, 20 de junio de 2016

Nota en La Nación acerca de la literatura infantil y juvenil LGBTI


Otra vez me entrevistaron para hablar de literatura infantil y juvenil LGBTI ❤ Estoy muy contenta al ver que los medio de comunicación se interesan por el tema. Aunque es lamentable leer comentarios tan lgtbifóbicos como los que están dejando.

Pueden leer la nota acá.

viernes, 17 de junio de 2016

Dibujos de Sebastián y Jonathan, protagonistas de Cover

Estos dibus son obra de Perla, artista mexicana. Son Sebas y Johnny, los protas Cover, de la novela juvenil de temática LGBTI que terminé hace unos meses. ¡Muchas gracias, Perla!


Johnny recostado

Sebastián inclinado... sobre Johnny, aunque no esté en el dibujo ;)


Sebas y Johnny. Johnny, como pueden ver, es más alto y grande. Sebas es celíaco y siempre fue flacucho

miércoles, 15 de junio de 2016

Yo reseño: De camino al final, de Christopher Barzak

Título: De camino al final
Autor: Christopher Barzak
Editorial: La Factoría de Ideas
Páginas: 316 pages
ISBN: 9788498005448

Sinopsis:

Adam McCormick acababa de cumplir quince años cuando el cadáver fue encontrado en el bosque. Así comienza el otoño que cambiará su vida para siempre. Jamie Marks era un chico muy parecido a Adam, un chico al que nadie prestaba demasiada atención; un chico al que casi nadie iba a echar de menos. Es entonces cuando, por primera vez, Adam siente que tiene un objetivo. Ahora más que nunca, Jamie necesita un amigo. Pero mientras Adam siga aferrado al fantasma de Jamie, su amigo seguirá atado a un mundo al que no pertenece... y los lazos que unen a Adam con la vida serán cada vez más frágiles. Para encontrar su camino de vuelta, Adam debe aprender por sí mismo el verdadero significado de estar vivo.


***

Nuestro protagonista es Adam McCormick, un chico que se encuentra en esa etapa de la adolescencia en la que se tiene un pie en el mundo de los adultos, en la que comienza a preguntarse los porqués de las cosas, a criticarlas, a burlarse de todo. Está en busca de su lugar en el mundo y, para él, ese lugar no existe.  

Adam tiene quince años y vive con su familia en un pueblito de Ohio. Su familia está compuesta por su padre, su madre y su hermano mayor, Andy. Las cosas no andan bien en la familia. Sus padres discuten muy seguido (casi siempre por cuestiones de dinero) y luego de una de esa peleas, su madre tiene un accidente de coche y se queda paralítica. La culpable del choque es Lucy Hall, una mujer de la que su madre se hará amiga y que de un día para el otro se insmiscuirá en sus vidas.

Y como bien decía la abuela de Adam, las tragedias llegan de a tres. La segunda es el hallazgo del cuerpo sin vida de Jamie Marks, un compañero de clases de Adam. Jamie era un chico que pasaba desapercibido y del que sus compañeros solían burlarse porque seguía siendo boy scout a sus quince años. Quien encuentra el cuerpo es Gracie Highsmith, una chica de una familia acomodada.

A partir de ese momento, Adam se encontrará con el fantasma de Jamie y formará con él una estrecha amistad, un vínculo que no tiene con ninguna persona viva. Jamie lo llevará a través de los espacios muertos, le hará conocer a Frances la Flipada (un fantasma del pueblo) y, de vez en cuando, le pedirá alguna palabra para poder mantenerse ¿con vida? Su mayor temor es acabar como un hombre sin piel: almas errantes que han consumido toda su humanidad y que vagan eternamente por el mundo de los vivos. La narración está llena de escenas y momentos surrealistas que la hacen parecer más una novela de realismo mágico que de fantasía: Adam y Jamie vagan por el mundo de los muertos, que se entremezcla con la dimensión de los vivos, y en ocasiones no podemos saber si los personajes que se encuentran en su camino están vivos o muertos.

Bueno, ahora es cuando se lo digo: la novela tiene cierto contenido homosexual :) Si bien Adam comienza una relación sentimental con Gracie Highsmith, también comparte cierta intimidad con Jamie; con el fantasma de Jamie, en realidad.

Se inclinó y me besó en la boca, y una enorme luz blanca apareció sin que yo la imaginara. Me cegó durante un segundo, y parpadeé hasta que pude mirarla directamente. Me di cuenta de que era la luna.

Y nos preguntamos... ¿Por qué está el alma de Jamie atada a este mundo? ¿Por qué no puede cruzar ese túnel que atraviesan las almas que están en paz?

—Siempre me gustaba verte correr —dijo—. Tenías esa cosa. Era como leer un poema. Corrías como si fueras el verso de un poema.
No supe qué decir, así que lo abracé.
Y la respuesta es tan obvia que tal vez Adam no se da cuenta: Jamie está enamorado de él. Y ese amor inconcluso que no pudo darse cuando estaba vivo, se da ahora que está muerto. Pero Jamie tiene que comprender que Adam está vivo y que no puede arrastrarlo a la muerte con él. Esa es la mayor prueba de amor: aceptar que Adam pertenece al mundo de los vivos y dejarlo vivir su vida.


No podía evitar coger sus cumplidos y guardarlos en un bolsillo privado y sentirme bien por las cosas que me decía. Cada vez que decía algo bonito, me halagaba de un modo que me resultaba extraño y maravilloso. Quería escuchar más y más.         

Sin embargo, algún día se reencontrarán. Ambos lo saben.

Por supuesto, les recomiendo mucho esta novela. No se esperen leer el gran romance... sin embargo, yo creo que es una historia de amor que no necesita grandes declaraciones ni pomposidades para ser hermosa.


Una frase:

—Tú no eres raro —dijo, levantando la mirada del periódico—. Son ellos. Ellos son los raros. Solo que ellos te superan en número. Que sean más no los convierte en normales.
Aparentemente, por lo que pude leer en un par de entrevistas, el autor de la novela, Christopher Barzak, suele tocar en sus novelas temas relacionados con lo LGBTI. ¡Sin duda es un autor al que voy a seguirle la pista!

En 2014 se estrenó la peli del libro: Jamie Marks Is Dead. Pronto la reseñaré ;)





jueves, 9 de junio de 2016

Nota en Télam acerca de la literatura LGBTI juvenil

Ayer se pusieron en contacto conmigo de Télam (la Agencia Nacional de Noticias de Argentina) para una nota acerca de la literatura LGBTI juvenil (YA). Cuando le pregunté a la periodista cuál había sido el disparador de la nota, me dijo que se había sorprendido al ver en las novedades editoriales del mes varios libros juveniles LGBTI.
 
Y les pido perdón por la autocita, pero si no van a leer la nota quiero que solo lean esto ;) 

Creo que los padres heterosexuales no sienten la obligación de contarles a sus hijos un cuento con personajes LGBTI. Y esta obligación parte de un prejuicio muy arraigado: la presunción de la heterosexualidad. La no-creencia de que un hijo o una hija propio (o los hijos de sus hijos, o los hijos de sus hijos de sus hijos) pueda ser gay, lesbiana, bi, trans.
Se debe dejar de pensar la homosexualidad y las orientaciones sexuales e identidades de género diversas como algo ajeno, algo del otro, para dar un paso más hacia adelante en una sociedad sin LGTBfobia .

Pueden leer la nota acá

martes, 7 de junio de 2016

Yo reseño: El arte de ser normal, de Lisa Williamson

Título: El arte de ser normal
Autor: Lisa Williamson
Editorial: Destino
Páginas: 416
Sello: Crossbooks (Planeta)
Sinopsis:
David Piper ha sido siempre un rarito. Sus padres piensan que es gay y el matón de la escuela lo considera un friki. Únicamente sus dos amigos saben realmente la verdad: David quiere ser una chica. El primer día en su nueva escuela Leo Denton sólo tiene un objetivo: pasar desapercibido. Pero, en cuanto llega, llama la atención de la chica más bonita de la clase. Y así su amistad comienza a fraguarse. Todo en sus vidas está a punto de cambiar porque ¡qué difícil es mantener secretos en la escuela Eden Park! ¿Qué significa para ti ser normal?




***


A los ocho años, en una actividad escolar, David tuvo que escribir qué quería ser cuando fuera grande. Y escribió: "yo quiero ser una niña". A partir de ese momento, será considerado el rarito de la escuela y sus padres aguardarán a que salga del armario porque piensan que es gay. Los únicos que saben que David es una chica son sus amigos Felix y Essie. La familia de David es bastante común: su madre, su padre y su hermanita menor, Livvy, quien también lo trata de rarito y que, en mi opinión, es un personaje bastante odioso.

David guarda cartas a sus padres en las que les explica cómo se siente, pero nunca se atreve a dárselas. Tiene miedo. Y cada día, observa su cuerpo masculino adolescente con terror. Sus pies y sus manos grandes, su vientre, su pene.

La novela, que transcurre en un pueblo de Inglaterra, está narrada en primera persona por los dos protagonistas: David y Leo.

Leo ha conseguido una vacante en la escuela de Eden Park, luego de haber tenido que abandonar su colegio anterior. Los rumores no tardan en surgir: todos lo tildan de psicópata, dicen que está loco y que fue expulsado de su colegio por cortarle un dedo a un profesor. Él, por su parte, no hace nada para disipar estos rumores o limpiar su reputación; se mantiene al margen de todos, de todo y muestra una actitud adusta, malhumorada y antisocial. Leo vive con su madre y sus hermanas en Cloverdale, una urbanización humilde. 

El contraste entre las familias de David y Leo es evidente. Mientras que David es de clase media, Leo roza la clase baja. Mientras la madre de Leo cambia de novio continuamente, la de David lo lleva a comprarse pantalones nuevos. Mientras el padre de David le saca fotos junto a su torta de cumpleaños, el padre de Leo abandonó a su mujer antes de que sus gemelos nacieran. Y mientras que en su casa Leo tiene que lavar los platos acumulados en el lavaplatos, el padre de David reprende a Livvy diciéndole que "en esta casa lavamos lo que ensuciamos".

Cuando David intenta hacerse amigo de Leo, este lo rechaza: quiere terminar la escuela sin ningún inconveniente para luego poder acudir a la universidad. Y, por sobre todas las cosas, sin enamorarse. Pero las cosas no le serán tan fáciles.


Bueno, me gustó mucho la historia y cómo se desarrollaron y desencadenaron los hechos, pero no me gustó la narración.

¿Por qué? 

* No empaticé con los personajes, que me parecieron muy planos. David no me convenció y Leo me pareció el estereotipo de chico antisocial. A pesar de que la novela está narrada en primera persona, no vi demasiada complejidad en ellos ni mucha profundidad.

* La narración es aburrida y muy mecánica para mí gusto. Pero entiendo que son dos voces adolescentes y que caer en lirismos no habría sido adecuado.

* Cuesta engancharse porque tiene un arranque muy lento, prácticamente no sucede nada hasta la página 200. Y son 414.



Sin embargo, es una novela muy linda de leer y toca temas que se agradece muchísimo que se aborden en la literatura juvenil. Aborda exitosamente la identidad de género, la pobreza y las desigualdades sociales, el abandono familiar, la amistad y el compañerismo. Es una historia muy realista, cosa que en un momento la hace rozar la crueldad. Pero lo más importante: siempre se trata a los personajes trans con respecto, sin caer en victimizaciones o paternalismos y sin patologizar su transexualidad.

Esperemos que sigamos teniendo la oportunidad de leer más historias con personajes trans :)

jueves, 2 de junio de 2016

Escritura: Consejos para escritores que quieran publicar con una editorial

Esta entrada surge a partir de oootra entrada que leí en un blog que no voy a mencionar, porque prácticamente estaría difamando a una persona (a varias, en realidad) y nada más lejos de mi objetivo. Comento esto para que comprendan el por qué de lo que voy a escribir a continuación.

La entrada decía que una escritora X había sido rechazada por una editorial y que en su Facebook había acusado a la editora de "no saber nada".

No conozco el caso, así que no puedo ponerme de ninguna parte.

Solo voy a darles un par de consejos basados en mi experiencia personal, que espero que les sirvan.

Mi principal consejo para quienes quieren publicar con una editorial y que hayan publicado textos en plataformas online (Wattpad, por ejemplo) es: no dejen que los lectores les inflen el ego. Y esto va, especialmente, para escritores jóvenes cuyos lectores también son jóvenes.

Mientras más alto se sube, más duele el porrazo

Observo con los ojos entrecerrados a los séquitos de seguidores. Y mi sincera opinión es que hay que saber cuándo tomar distancia. Detenerse a tiempo cuando nos damos cuenta de que estamos escribiendo "para ellos", cuando sentimos de que se están apoderando del libre albedrío de los personajes..., o del nuestro.

Les voy a poner el ejemplo:

* de Cassandra Clare y el Malec. El Malec comenzó siendo una hermosa relación gay con la que tal vez se podían sentir identificados muchos adolescentes homosexuales. Y terminó siendo cualquier cosa menos eso. Terminó siendo puro fanservice.

Y ahora les voy a hacer una pregunta:

¿Cuál fue el último libro publicado de Stephenie Meyer, la autora de la saga Crepúsculo?

Fue Vida y muerte: crepúsculo reinterpretado, una reescritura gender bender de Crepúsculo que se publicó el año pasado, en el décimo aniversario de la saga. ¿Y el anterior? Fue La huésped, publicada en el año 2008. Sí, siete años después de la última entrega de Crepúsculo, cinco años después de la novela corta (o relato largo) La segunda vida de Bree Tanner (2010). La huésped iba a ser una trilogía, pero se quedó en el primer libro. La huésped quedó en el olvido. Crepúsculo no. Diez años después, la autora no tiene nada nuevo que ofrecer más que un reciclaje de su obra estrella. No sé cuánto habrá crecido la autora en estos diez años, pero que luego de ese tiempo regrese con tal obra, da que pensar.

Esto que planteo puede ser fácil de entender, pero es muy difícil de llevar a cabo. ¿Por qué? Porque todo autor quiere que su público quede satisfecho, todos queremos que a nuestros lectores les guste lo que hacemos. Y en la actualidad, donde podemos estar en contacto fácilmente con nuestros autores favoritos, es más complicado aún. Y es máaas complicado aún cuando los escritores sabemos muy bien lo que les gusta a nuestros lectores.

Volvamos al ego.
El ego es el principal obstáculo con el que debe lidiar un artista, sea cual sea su rama del arte. Y el escritor crea personas, crea mundos, universos. Es como un dios. Y suele ser egocéntrico. Por eso en España, en los años de crisis, han surgido tantas editoriales estafa que, a pesar de todas las denuncias, siguen en pie. Porque se aprovechan de ese ego. A veces lo hacen de forma tan descarada que me resulta increíble que aún haya personas que les paguen para que las publiquen. "Por la plata baila el mono". Bueno, muchos escritores bailan por un contrato editorial cuyas cláusulas no acabarán de entender.

Y ahora volvamos a los lectores. ¿Qué son los lectores? Pues lectores. Y los editores, editores. Los lectores, por lo general, no suelen tener el criterio ni la formación para decidir si un libro es publicable. Los editores sí. Obviamente, los editores también comenten errores (conozco al editor que rechazó El mundo de Sofía y todos sabemos que JKR fue rechazada), pero la realidad es que muchas veces los editores saben lo que hacen. No publican "lo que les gusta", sino que tienen criterios específicos. La lectura que hace un editor (o el lector profesional que entrega un informe de lectura) no es la misma que la lectura que realiza un lector. Y los rechazos editoriales pueden ser por muchos motivos, no solo por la calidad del escrito.

Y por el mismo motivo: no se tomen tan a pecho las críticas negativas de los lectores.
A veces, un libro cae en las manos equivocadas. Una vez recomendé una novela en Facebook, una novela que considero maravillosa por su prosa exquisita y por la profundidad de los personajes, y una persona me dijo que la había empezado y la había aburrido mucho. Bueno, esa novela no era para ella. Listo.

Sí, las críticas negativas duelen. Por eso nunca reseño negativamente a autores que conozca o con quienes haya tenido contacto. Pero a todo el mundo no le va a gustar lo que escribas, es así. Siempre que se mantenga el respeto, hay que tomar lo que consideramos valioso y aprovecharlo. Y a la gente que quiere hundirte... a esa gente ni llevarle el apunte. ¿Se entendió? Ni-llevarle-el-apunte. No seguirles el juego jamás de los jamases. Seguirles el juego es peligroso, contraproducente y tóxico.

Recibí consejos de editores en dos ocasiones, respecto de dos novelas que publiqué. Y en las dos ocasiones, fueron consejos valiosísimos que me ayudaron a mejorar mis novelas. En una ocasión me resaltaron una falla: una falla que yo conocía y que por flojera no había querido reparar porque la novela me tenía cansada. No le había dado el tiempo necesario para reposar. Y el editor se dio cuenta de la falla y me la resaltó. Por supuesto, le di la razón y me tomé el tiempo para repararla. Quedé muy feliz con el resultado y le agradezco al editor profundamente.
Los editores saben, es simple. Se equivocan porque son humanos, pero el peor error que se puede cometer es no escucharlos. O peor, ponerse en soberbio y tratarlos de que "no saben nada".

Y por lo mismo, no atarse a los lectores, porque a veces, sin querer y con toda la inocencia y buena intención del mundo, pueden impedirle crecer a un escritor.
 
Por último: siempre, siempre respondan a los correos de los editores, aun cuando la respuesta sea una negativa. Los editores tienen muchísimo trabajo y si editor X se tomó el tiempo de responder el correo de un novato que los contactó solo para preguntarles si estaban recibiendo originales, eso habla muy bien de él. Digan muchas gracias por su tiempo, que tenga una buena semana. Y listo. Y ni hablar si el editor leyó la obra y está dando una devolución, aunque los esté destrozando. Respiren profundo y respondan al otro día más tranquilos.