viernes, 21 de octubre de 2016

Yo reseño: La sangre que mató tu sonrisa, de Carlos Sanrune

Autor: Carlos Sanrune
ISBN: 978-84-943115-8-1
Formato: 23 x 15 cm
Nº de páginas: 262
Peso: 375 gr
Encuadernación: Rústica
Fecha de lanzamiento: Diciembre 2015
Precio: 15 Euros

Sinopsis:

Con el trasfondo de la segunda República y de la guerra civil española, en un Madrid convertido en el escenario principal de la tragedia que vive el país, se desarrolla la historia de Ángel y Manuel, dos muchachos pertenecientes a clases sociales opuestas a los que el destino ha unido desde niños mediante una relación de intensa amistad, que evolucionará con los años hasta convertirse en otra que deben mantener oculta a los ojos de los demás. Zoilo, por su parte, es otro muchacho llegado a la capital huyendo de la represión y del hambre imperante en el campo extremeño, miembro de una familia de jornaleros represaliada por una Guardia Civil al exclusivo servicio de los terratenientes, que no olvida sus raíces e intenta luchar, en aquellos años convulsos donde los oprimidos llegaron a creer que podrían ser dueños de su destino, por un mundo más justo. La vida de Zoilo se cruzará con las de Ángel y Manuel, al tiempo que se fragua la peor de las tragedias, provocada por aquellos que no quieren perder sus privilegios, lo que conllevará que cada uno de los muchachos adopte posiciones diferentes ante el conflicto, reflejo de las que enfrentan a los españoles durante aquellos años.

En un Madrid cruelmente bombardeado noche tras noche, donde el hambre, la destrucción, el miedo y el frío del invierno es lo único tangible, nacerá, como esas plantas que son capaces de crecer entre las piedras, una poderosa historia de amor entre dos de los muchachos, los cuales intentarán sobrevivir en medio de la barbarie y de la incomprensión social, que rechaza –desde todas las ideologías– la relación que a ellos une.

Crónica de un amor apasionado, es también la de los años más aciagos de la reciente historia española, los cuales no concluirán con el fin de la guerra, sino que se prolongarán para los perdedores durante mucho tiempo, aunque no conseguiría matar los sentimientos.






Si hubiera tenido el tiempo, habría terminado esta novela en un solo día. Tuve que repartir su lectura a lo largo de toda una semana; sufría cuando tenía que dejar de leer y me alegraba cuando podía retomarlo. 
En las primeras páginas conocemos a Paca, una mujer trabajadora humilde que pasa sus días lavando y planchando ropa ajena en las casas de las señoras pudientes de Madrid. Paca debe hacerse cargo de su familia cuando su marido enferma, y cuando doña Concepción Ormazábal le ofrece dinero a cambio de que amamante a Ángel, su hijo recién nacido, Paca acepta la oferta con la condición de que dejará la labor si su leche no alcanza también para Manuel, su propio hijo recién nacido. 

Así, ambos niños, hermanos de leche, crecen juntos a pesar de las marcadas diferencias sociales que los separan y van creando poco a poco un lazo que va más allá de la amistad. Ya en la adolescencia,  descubren que están enamorados, un amor que viven en secreto en un sótano polvoriento cada vez que se les presenta la oportunidad.

Pero las diferencias sociales siguen allí, más evidentes que nunca, ya que Manuel a sus once años debe trabajar en un colmado para ayudar a su madre, mientras que Ángel tiene la posibilidad de seguir estudiando. Y cuando comienzan a vislumbrarse las primeras señales de la guerra que se avecina, Ángel toma partido por su clase mientras que Manuel, como su madre, permanece en esa neutralidad desinteresada de quienes creen que las cosas jamás podrán cambiar para ellos, para los pobres. Esto se ve claramente en las decisiones que planean tomar respecto de su vida amorosa: Ángel sabe que tendrá que contraer matrimonio; Manuel no tiene ninguna obligación con nadie más que sí mismo. Tímido y de carácter dócil, sabe que no se traicionará a sí ni a ninguna mujer en busca de una felicidad que no alcanzará o de una apariencia que no necesitará mantener.

Implacablemente, estas diferencias le pasan factura a su relación. 

Y entoces aparece Zoilo, un muchacho extremeño nacido en Badajoz, hijo de un jornalero combativo que murió fusilado por la Guardia Civil. Zoilo llega Madrid para escapar de su pueblo; del hambre, de la violencia, de la explotación. Zoilo es comunista; tiene un espíritu revolucionario, rebelde, y tardamos poco en darnos cuenta de que es ese tipo de personas que llevan sus ideales hasta las últimas consecuencias. Sí, quedé fascinada con Zoilo, con su personalidad achispada, con su inquebrantanbilidad. 

Pasar las páginas de La sangre que mató tu sonrisa, de Carlos Sanrune, es como estar allí, en la buhardilla donde vive Manuel junto a su madre y su hermana, oyendo los bombardeos; sentimos la tristeza y la desesperación de Isabel, la novia de Zoilo, al darse cuenta de que no está perdiendo a su amado porque jamás fue suyo; observamos a las multitudes corriendo hacia los refugios, percibimos el hedor de sus cadáveres en las calles. Es como sumergirse en una película de la que nos entristece sospechar el inexorable final.

Lo que más me gustó de la novela, aparte de todo lo que ya mencioné, fue el narrador. Es un narrador que no permanece neutro, como Manuel, toma postura por la izquierda y en ocasiones lo hace desde un sarcasmo a veces sutil, a veces no tanto.

Mientras Madrid sangraba, la jerarquía de la iglesia católica calificaba aquella guerra injusta de “Cruzada”, de guerra santa, y el papa Pio XI, en Roma, bendecía a los aviones fascistas de Mussolini antes de que volaran hasta España para bombardear a aquellos hombres y mujeres que no querían doblegarse ante la bota militar de los poderosos.

Entre toda aquella sangre, el amor de Zoilo y Manuel será como un oasis que por un momento les hará olvidar lo que ocurre a su alrededor. Solo entre las sábanas de una cama alquilada podrán ser ellos mismos. Porque Zoilo ha reflexionado acerca del tema: los homosexuales no son bienvenidos ni por la derecha (obviamente y hasta el día de hoy), ni por la izquierda. Ese odio compartido lo llena de pesar.

¿Era posible que tanto las ideologías reaccionarias, como el fascismo o la de la iglesia católica, compartiesen aquella aversión al diferente con otras que buscaban la liberación de los hombres, como el comunismo o el anarquismo? ¿Era posible que el rechazo fuese tan universal para aquel género de amor, aquel que él sentía por Manuel y que era, estaba seguro, el más puro que alguien podía sentir? Se preguntaba aquello entristecido y confuso, incapaz de encontrar respuesta. Entonces recordaba lo que decía Manuel al respecto, aquello de que llegaría un momento en que el ser humano, cuando evolucionase, aceptaría la diferencia de los otros, incluso en aquel terreno.

Ojalá Zoilo hubiera vivido en estos tiempos, me decía mientras leía esos párrafos. Lo imaginaba en la contramarcha de la Marcha del Orgullo de Buenos Aires (no conozco la de Madrid), llevando alguna bandera del Partido Obrero. O tal vez en su casa, porque quizá pensaría que la Marcha se volvió muy kirchnerista. Entonces recordaba que estaba leyendo una novela, sonreía, me secaba las lágrimas y seguía leyendo. 


Muchas gracias a la editorial Amistades Particulares por el ejemplar

5 comentarios:

Mai Lightwood dijo...

¡Hola Sofi! Me gusta mucho visitar tu blog porque siempre encuentro historias interesantes. En este caso, creo que es la única que voy a dejar pasar, me aburre un poco la idea de el amor entre dos personas de dos clases sociales diferentes o ese tópico, pero se ve que aún así tiene un lado sumamente original y atrapante. A lo mejor más adelante me gustaría leerlo.
Me alegro que te haya gustado, y espero leer más reseñas tuyas.
Un beso

Nathalia Tortora dijo...

¿Viste cuando decimos que el libro te entra por los ojos? Bueno, lo primero que pensé cuando entré al blog fue "qué carajo es esta cosa", es de esos libros que si los veo en una librería ni los levanto a ver de qué se tratan, pero que por lo que contás, es muy interesante. Así que te agradezco por la info =). No creo que lo vaya a leer pronto, pero lo anoté en mi lista de posibles pendientes para más adelante (cuando tenga dinero jaja). Saludos.

natalia bocija dijo...

Hola, Sofía! Si el kirchnerismo levantó una bandera fue la de la Igualdad, entre todas las igualdades que el pueblo consiguió fue la del Matrimonio Igualitario. Todavía me acuerdo de esos "hermanos" que viven en mi barrio pero que claramente son esposos, bajo las circunstancias de su época, no lo pudieron mostrar como tal y se vieron obligados a mentir sobre su relación.
Cuando me acuerdo de esos tiempos felices, donde todos los días teníamos una buena noticia,como la sanción de dicha ley entre otras cosas, se me dibuja una sonrisa; inmediatamente después de acordarme del dia de esa votación en la cámara, recuerdo el voto de Macri: "en contra". La derecha neoliberalista ataca a nuestros derechos, como siempre lo hizo, pero ahora desde la democracia.
Saludos!
Naty de losdevoralibross.blogspot.com

Sofía Olguín dijo...

Hola, @Natalia Bocija! :)
Recuerdo bien ese día en que se aprobó el Matrimonio Igualitario, aquella maravillosa noche lluviosa de julio! También estuve en el Congreso cuando se aprobó la media sanción de la LIG, hacía un calor de morirse, sería noviembre o diciembre :)
A lo que voy:
Esto una reseña de un libro muy marcado por la ideología anarquista, no un post acerca de mi orientación política. Cuando digo que el personaje sw Zoilo (quien al principio rechaza su homosexualidad por considerarla un "vicio burgués") no iría a la Marcha porque se volvió muy kirchnerista, me estoy poniendo en la piel del personaje (valga la redundancia) y en la piel del pensamiento bien de izquierda. Porque sí, conozco gente socialista y anarquista que dejó de ir a la Marcha por este motivo, en vez de acompañarnos desde la contramarcha
Nos vemos el 26 en Plaza de Mayo? ;)
Saludos!

Vanii Rodriguez dijo...

¡Hola! La verdad es que no me llama mucho la atención, y eso es medio raro. Pero bueno, a la espera de otra reseña tuya que me guste el libro. ¡Besitos!