domingo, 26 de junio de 2016

Yo reseño: Para acabar con Eddy Bellegueule, de Edouard Louis


Título: Para acabar con Eddy Belleguele
Autor: Édouard Louis
Formato: rústica   
Páginas: 192
Editorial: Salamandra
ISBN: 9788498386486
   
Sinopsis:

Salí corriendo de repente. Sólo me dio tiempo a oír a mi madre, que decía Pero ¿qué hace ese idiota? No quería estar con ellos, me negaba a compartir con ellos ese momento. Yo estaba ya lejos, había dejado de pertenecer a su mundo, la carta lo decía. Salí al campo y estuve andando gran parte de la noche: el ambiente fresco del norte, los caminos de tierra, el olor de la colza, muy intenso en esa época del año. Dediqué toda la noche a elaborar mi nueva vida, lejos de allí. 

«La verdad es que la rebelión contra mis padres, contra la pobreza, contra mi clase social, su racismo, su violencia, sus atavismos, fue algo secundario. Porque, antes de que me alzara contra el mundo de mi infancia, el mundo de mi infancia se había alzado contra mí. Para mi familia y los demás, me había convertido en una fuente de vergüenza, incluso de repulsión. No tuve otra opción que la huida. Este libro es un intento de comprenderla.» 
Édouard Louis 

***

Pocas veces un libro me dejó un sabor tan amargo y desagradable. Para acabar con Eddy Belleguelue es una novela autobiográfica y saberlo hizo que el sabor agridulce se transformara en agrio; o en amargo, como dije. Vamos a la reseña y les cuento por qué.

Eddy es un niño que vive en un pueblo obrero de Francia, un pueblo muy muy pobre. Allí, los hombres se dejan la salud trabajando en la fábrica metalúrgica y las mujeres tienen que conformarse con la maternidad (muchas veces temprana) y las tareas de la casa; en la propia o en las de los demás. La familia de Eddy no es la excepción. Su padre trabaja en la fábrica y continuamente sufre de dolores de espaldas que lo dejan echado en la cama temporadas enteras; y su madre ha quedado relegada a las tareas del hogar. 

Eddy es un niño afeminado y continuamente sufre tanto el acoso de sus compañeros de escuela como el de su propia familia: algo raro hay en él, ya que no se comporta como un hombre. Su voz es más aguda, mueve las manos al hablar y camina meneando las caderas. Eddy afirma que de su infancia no tiene ningún recuerdo positivo. Palabras realmente muy duras. 

Para Eddy, como para muchos niños y adolescentes homosexuales o trans, la huida es la única opción.

No es necesario leer entre líneas para darse cuenta; ya en la sinopsos advertimos que esta huida es al mismo tiempo: la huida de la homofobia que sufre en su pueblo y la huida de la pobreza. Sin embargo, el rechazo que siente el personaje por la pobreza, al menos superficialmente, no se basa en la injusticia social sino en la vergüenza de ser pobre:

Todavía me está costando dolores tremendos y noches sin dormir esa negligencia de mi familia y de mi clase social, y ( ... ) algunos compañeros me preguntaban Pero ¿por qué no te llevaron tus padres a un ortodoncista? Esas mentiras mías. Les contesté que mis padres, unos intelectuales que se pasaban un poco de bohemios, le daban tanta importancia a mi formación literaria que descuidaron a veces los temas de salud.

Si hay algo que no me gusta encontrarme ni en la vida real ni en un libro, aparte de la LGBTfobia, es el clasismo. Y hablo muy en serio: he terminado de relacionarme con gente por ese motivo. Quizá por eso la novela, sinceramente, no me gustó. Me inquieta mucho el clasismo cuando lo veo en otras minorías.

Eddy no solo decide huir de su pueblo, sino también de su clase social, repudiándola:

Los finales de mes en que a mis padres no les llegaba el dinero para comprar carne, comíamos pescado varios días seguidos. De ahí me viene este asco. En la actualidad me repugna ese plato tan apreciado en los ambientes a los que he conseguido llegar.

En fin. Una historia muy dura, tristemente realista. El resultado de lo que el odio produce en las personas: más odio.

Si se preguntaron el porqué del título, Para acabar con Eddy Bellegueule, hay que encontrarlo en la vida real del autor, ya que es una metáfora: Eddy Bellegueule se cambió el nombre a Edouard Louis.

1 comentario:

Sandra Paola dijo...

Hace poco fue la Filbo (Feria del libro de Bogotá) y un amigo estaba muy entusiasmando por la visita de este autor. Por supuesto fue y me habló maravillas del libro y de su escritor. Como le gustó tanto me entraron muchas ganas de leerlo y pienso hacerlo, pero con tu reseña voy a hacerlo con un ojo más critico por el tema del clasismo.

Muy buena reflexión acerca de este tema y te apoyo completamente, el odio solo produce más odio.

Un abrazo.