Luego de un mes de trabajo, le puse el punto final. La sensación que me invadió, decididamente, no puede ser comparada con la que sentí cuando acabé MENFIS. Con MENFIS fueron tres meses de acostarme a las cinco de la mañana, de largas lecturas en la Wikipedia para informarme de detalles, de paseos virtuales por el Google Earth... Y es que en MENFIS dejé mi Alma, con mayúsculas, tal como aparece en las páginas Alex y Seth, los protagonistas de la Novela Fantástica de la que me encuentro barajando posibles títulos.
Dudo que este año vuelva a enamorarme tanto de un personaje como me pasó con mi preciosa reina del Nilo. Alex tiene su encanto, pero es un chico bastante normal, yendo al caso. Dieciocho años, estudiante, bisexual (aunque se inclina más por los hombres), virgen. Alex es una cosita pequeña y tierna, pero no puedo compararlo con mi Reina. Mientras Menfis se lleva el mundo por delante, vistiendo provocativos pantaloncitos de seda, camisas de gasa y botas hasta los muslos, Alex está en su cuarto, tirado en la cama devorando libro tras libro. Es un chico que sufre una terrible depresión y eso influye en el inevitable desenlace de la novela. Pero su vulnerabilidad es lo que Seth ama de él.
No creo que Seth pudiese amar a Menfis. La reina del Nilo lo hechizaría como hace con todos, sin intención, pero Seth es demasiado fuerte como para caer en sus redes.
Así me imagino a Seth, aunque con el pelo un poco más largo. Este chico "se llama" Roman Hearth y es un actor de Cobra Videos.<
Cuando termino una novela, no sé con qué seguir. Tengo varias posibilidades: reescribir CENIZAS DE SODOMA, seguir con la historia del niño discapacitado o comenzar algo completamente nuevo.
Sé que CENIZAS DE SODOMA será un dolor de cabeza. O como dicen en las pelis yanquis y que me causa mucha risa: a pain in the ass. Sodoma será a pain in the ass. Cuando la leo, me dan ganas de quemarla y hacerle justicia a su nombre. Veamos; la primera parte necesita reescritura y recorte de algunas escenas. También tendría que agregar otras. Incluir más descripciones. La primera parte la escribí hace dos años y es natural que me horrorice. Lo que más odio son las conversaciones sin intervención del narrador:
—¿No sabes quién era ese hombre? —inquirió Mathias, con la mirada fija en la fotografía.
—No. Sweet le llamaba Sugar, pero el tipo se reía y meneaba la cabeza. No sé su nombre...
—¿Hacía cuánto que se conocían?
—Desde el invierno pasado, más de un año.
—¿Y jamás tenían sexo? —exclamó Belluse, sorprendido.
—Lo sé, es muy extraño. A veces el tipo solía llevárselo apenas empezaba la noche. Sweet me decía que iban al hotel Príncipe's pero que no hacían más que dormir, comer y ver televisión.
—¿Volvieron a verlo después de la muerte de Sweet?
—No. Cuando desapareció pensé que se había ido a vivir con él, pero...
—¿Crees que él pudo haberlo matado?
Blagh. Hay momentos y momentos para el narrador, pero esto es detestable. En el libro Mientras Escribo, de Stephen King, él comenta que la complejidad de un libro salta a la vista al abrirlo en cualquier página y observar "los espacios en blanco". Creo que algo de razón tiene, pero juzgar un libro por esto me parece demasiado arbitrario. La complejidad no es sinónimo de que un libro sea bueno ni malo. De hecho, me parece que el lector detesta no comprender las cosas. Una escritura enrevesada no es recomendable y lo mismo pasa con la trama. Las vueltas y vueltas. Esto era así, pero resulta que ahora es así... y ahora parece que no, que era como se creía antes. Esto me recuerda a uno de los cuentos que leí en Noches de baile en el infierno, una antología patética, sinceramente.
La última parte de SODOMA, zafa. Tiene más descripciones de sitios y situaciones, pero de todas formas necesita una revisión.
Con respecto a Matías, el niño discapacitado... tengo que admitir que me aburre la normalidad de la historia. Es un relato centrado en las vivencias de un chico de quince años que sufre un retraso mental entre alto y moderado. Vive en una hacienda ubicada en el campo argentino, con sus abuelos y su hermana mayor. Tienen una buena posición económica. Sus padres fallecieron en un accidente. Su abuelo es un hombre duro que no lo soporta, su hermana es una zorra que se acuesta con los empleados y su abuela es la única persona que, más o menos, lo soporta y lo cuida. Matías no va a la escuela y tiene varios profesores que intentan enseñarle a leer y a escribir, pero ninguno lo logra. Los abuelos no consiguen un profesional capacitado que acepte quedarse a vivir en la hacienda para encargarse de la educación de Matías. La única persona que logra acercarse a él es un peón nuevo llamado Santiago. Santi le enseña a dibujar las letras y le lee Harry Potter y la piedra filosofal. Con el paso de los meses, la relación entre Matías y Santiago se va profundizando hasta tal punto que el hombre comprende que el chico no es tan inocente como pensaba.
Si se trata de ponerme a escribir algo nuevo, digamos que le tengo muchas ganas a la Ciencia Ficción. Concretamente, al subgénero conocido como cyberpunk. Me gustan los escenarios decadentes, la baja moral, la alta tecnología... Pero jamás leí una novela de este tipo. Tampoco leí nada de ciencia ficción, y es que el género no me había atraído mucho hasta ahora. Si alguien puede recomendarme una buena novela, se lo agradecería mucho. Y si es cyberpunk, mejor.
Lo que ha despertado mi curiosidad es una novela llamada Unwind, que me mencionó mi amigo Yess, de un escritor llamado Neal Shusterman.
Sinopsis -extraída de Libro Joven-:
En una sociedad donde los adolescentes no deseados son perseguidos por las partes de su cuerpo, tres fugados luchan contra el sistema que los "desconectaría".Los padres de Connor quieren librarse de él porque es problemático.
Risa no tiene padres y va a ser desconectada para recortar costes del orfanato. La desconexión de Lev ha sido programada desde su nacimiento, como parte de la estricta religiosidad de su familia. Unidos por la casualidad primero y por la desesperación después, estos tres compañeros poco convencionales realizan un peligroso viaje a través del país, sabiendo que sus vidas penden de un hilo. Si sobreviven hasta su decimooctavo cumpleaños, nadie podrá hacerles daño. Pero cuando todas y cada una de las partes de su cuerpo, desde sus manos hasta sus corazones, son codiciadas por un mundo que se ha vuelto loco, los dieciocho parecen estar muy, muy lejos.
En Unwind, Neal Shusterman hace pensar dos veces al lector sobre sus ideas acerca de la vida. No sólo dónde empieza y dónde termina, sino qué significa de verdad estar vivo.
La verdad es que me pegó bastante fuerte y espero que el libro salga en español o al menos, que el blog pueda traducirlo completo.
En fin, espero poder decidirme rápido por alguna de las tres opciones que comenté. Y, en lo posible, por la mejor.
Y ahora me voy a seguir con las chucherías de ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO, que ya quiero sacarme de encima el ebook ^^